Metal Inquisition

¿Dónde en el mundo está Juanito Psykeiros?

Justo después de conocer la espeluznante revelación de lo que planean Los Tiranos, la célula de acólitos escuchan pasos que entran al Infiernito. Son matones armados.

Solomon emplea una táctica inspirada directamente de las páginas de su cómic de los Astartes, y les arroja uno de los tanque de gas de la cocina, con una granada krak amarrada a este. El tanque explota y desconcierta a los matones lo suficiente como para que Haxtes, el asesino, corra hacia ellos en una carga desenfrenada. Con un golpe de su hacha del mal, se chinga por completo a uno de ellos. El efecto psicológico de tan brutal ataque entorpece a los matones que disparan sus autopistolas de una manera poco disciplinada.

Los acólitos eliminan rápidamente a estos nuevos invasores, gracias a su disciplina y estrategia superior. Pero llegan más refuerzos, mejor armados.

La batalla continúa y los guerreros de la Inquisición empiezan a sufrir heridas por la superioridad numérica de sus rivales, quienes comienzan a obtener ventaja. En ese momento sucede algo insólito, entran al bar una jauría de maniáticos con la letra “M” negra pintada en sus frentes y miradas de ira demente, empuñando armas primitivas como tubos, martillos y cadenas. Atacan por la espalda a los agentes de los Tiranos, abollando terriblemente los cranios de algunos.

Los Tiranos no pueden soportar el ataque por los dos lados y son aniquilados. Cuando los nuevos y misteriosos combatientes acaban con el último Tirano, comienzan a atacar a los acólitos más cercanos, por suerte el fuego concentrado de Solomon y Gallus los reducen a mierda sin mucho esfuerzo.

Sorprendidos por el caos que acaban de presenciar, los acólitos se asoman hacia afuera del bar, lo que presencian es algo indescriptible que describiré a continuación:

Una guerra descontrolada entre múliples facciones se libra en las calles de Cumbres Sector Omega. Escuadrones de criminales disparan sus armas a diestra y siniestra. Jaurías frenéticas de gente con “M” en la frente corren por la calle arrollando y moliendo gente a su paso. Las bandas disparan desde coches, motos, o incluso bicicletas o patinetas. Desde las ventanas y balcones de las gigantescas torres de los bloques residenciales se asoman criminales armados con pistolas, bombas incendiarias, o incluso cohetes improvisados que son arrojados o disparados hacia el piso, explotando y destruyendo propiedad y gente. La mayoria de los residentes inocentes de este ghetto ya han abandonado el campo de batalla hace mucho, pero muchos fueron alcanzados por las balas, el fuego, o fueron usados como escudos humanos por los escuadrones de rufianes armados.

Los acólitos no quieren tener nada que ver con esta batalla y escapan a través de el sistema de ventilación del edificio. Se dirigen con un Atropath a comunicarle al Inquisidor Universo lo que han descubierto.

Comments

Panchopper

I'm sorry, but we no longer support this web browser. Please upgrade your browser or install Chrome or Firefox to enjoy the full functionality of this site.